Pablo Miki nació en Japón el año 1566 en una familia pudiente y fue educado por los jesuitas en Azuchi y Takatsuki. Muy joven entró en la Compañía de Jesús y predicó el evangelio entre sus conciudadanos con gran fruto. Al recrudecerse la persecución contra los católicos, decidió continuar su ministerio y fue apresado junto con otros cristianos. Él junto con otros 25 compañeros cristianos (entre religiosos y seglares) fueron forzados a caminar 600 millas hasta la ciudad de Nagasaki. Mientras caminaban iban cantando el Te Deum. Al llegar a Nagasaki el día 5 de febrero de 1597 fueron crucificados. Desde la cruz San Pablo Miki predicó su último sermón.
Todos ellos fueron canonizados por Pío IX en 1862.
Sus nombres son: Juan de Goto Soan, Jacobo Kisai, religiosos de la Compañía de Jesús; Pedro Bautista Blásquez, Martín de la Ascensión Aguirre, Francisco Blanco, presbíteros de la Orden de los Hermanos Menores; Felipe de Jesús de Las Casas, Gonzalo García, Francisco de San Miguel de la Parilla, religiosos de la misma Orden; León Karasuma, Pedro Sukeiro, Cosme Takeya, Pablo Ibaraki, Tomás Dangi, Pablo Suzuki, catequistas; Luis Ibaraki, Antonio, Miguel Kozaki y su hijo Tomás, Buenaventura, Gabriel, Juan Kinuya, Matías, Francisco de Meako, Ioaquinm Sakakibara y Francisco Adaucto, neofitos.
Santa Águeda poseía todo lo que una joven suele desear: Una familia distinguida y belleza extraordinaria, pero decidió conservarse siempre pura y virgen por amor a Dios al igual que Santa Inés, Santa Cecilia y Santa Lucía y esto le valió la palma del martirio. Eran tiempos de la persecución del tirano emperador Decio (250-253 a.C) contra los cristianos y el gobernador Quinciano se propuso enamorar a Agueda, pero ella le declara que se ha consagrado a Cristo.
Ante esta respuesta el gobernador la hace llevar a una casa de mujeres de mala vida y estarse allá un mes, pero nada ni nadie logra hacerla quebrantar el juramento que ha hecho a Dios. El gobernador manda que le destrocen el pecho a machetazos y que la azoten cruelmente. Pero esa noche se le aparece el apóstol San Pedro y la cura de sus heridas, a la vez que la anima a sufrir por Cristo.
Al encontrarla curada al día siguiente, Quinciano le pregunta quien la ha curado. Al responder que había sido curada por el poder de Jesucristo, Quinciano monta en cólera y la manda echar sobre llamas y brasas ardientes. Mientras Agueda se quema ora a Dios hasta que muere finalmente. Era el 5 de febrero del año 251.
Al parecer el volcán Etna hizo erupción un año después de la muerte de la Santa en el 252 y los pobladores de Catania pidieron su intervención logrando detener la lava a las puertas de la ciudad. Desde entonces es patrona de Catania y de toda Sicilia y de los alrededores del volcán y es invocada para prevenir los daños del fuego, rayos y volcanes. También se recurre a ella con los males de los pechos, partos difíciles y problemas con la lactancia. La iglesia de Santa Agueda en Roma tiene una impresionante pintura de su martirio sobre el altar mayor.
Ahir diumenge 2 de febrer va començar a Sueca la gran cita anual de l´Agrupació de Germandats i Confraries del Sant Sepulcre de la Comunitat Valenciana: el XIII Encontre de Germandats i Confraries que tenen com a denominador comú la devoció a Crist Jacent.La jornada va començar en una recepció per part de autoritats civils i de la propia Agrupació a totes les entitats participants en el Centre Cultural Bernat i Baldoví. En este acte l´alcalde de la ciutat D. Dimas Vázquez va dirigir unes paraules de bevinguda a tots els assistents, al temps que va agraïr la seua preséncia per a participar en el conjunt d´actes programats.
Tot seguit tenia lloc l´inaguració de l´Exposició d´Imatges de les Confraries i Germandats de l´Agrupació a l´Arxiprestal de Sant Pere i deprés una Eucaristia en la Parróquia de la Mare de Déu de Sales. Les 16 ciutats participants varen portat a l'Exposició els seus millors ornaments, vestes, fotografies i imatges perquè durant esta setmana de dilluns a divendres puga visitar-se en el temple de i admirar la riquea artística-cultural i religiosa que té la Setmana Santa de la nostra comunitat.
Stand de Corbera
Fent Confraria davant del nostre stand
Al finalitzar la santa missa varem tindre ocassió de visitar el Museu de la Mare de Déu de Sales que está en la mateixa parròquia.
Per a finalitzar va tindre lloc un dinar de germanor per a tots el assistents.
¡Enhorabona als nostres germans de la Confraria del Sant Sepulcre de Sueca¡
Blas de Sebaste, venerado como San Blas, fue un médico, obispo de Sebaste en Armenia (actual Sivas, Turquía), y mártir cristiano. Hizo vida eremítica en una cueva en el bosque del monte Argeus, que convirtió en su sede episcopal. Fue torturado y ejecutado en la época del emperador romano Licinio, durante las persecuciones a los cristianos de principios del siglo IV. Al principio ejercía la medicina, y aprovechaba la gran influencia que le daba su calidad de excelente médico, para hablarles a sus pacientes en favor de Jesucristo y de su santa religión, y conseguir así muchos adeptos para el cristianismo. Al conocer su gran santidad, el pueblo lo eligió obispo.
Cuando estalló la persecución de Diocleciano, Blas de Sebaste se escondió en una cueva de la montaña, desde donde dirigía y animaba a los cristianos perseguidos, de manera que por la noche bajaba a escondidas a la ciudad a ayudarles y a socorrer y consolar a los que estaban en las cárceles, y a llevarles la Sagrada Eucaristía.
Además, cuenta la tradición que a la cueva donde Blas estaba escondido llegaban las fieras heridas o enfermas y él las curaba. Un día vio que por la cuesta llegaban los cazadores del gobierno y entonces espantó a las fieras para librarlas de ser víctimas de la cacería. Entonces los cazadores, en venganza, se lo llevaron preso. Su llegada a la ciudad fue una verdadera apoteosis pues todas las gentes (incluso las que no pertenecían a nuestra religión), salieron a aclamarlo como un verdadero santo y un gran benefactor y amigo de todos.
El gobernador le ofreció regalos y ventajas temporales si dejaba la religión de Jesucristo y se pasaba a la religión pagana, pero Blas de Sebaste no cedió. Entonces fue brutalmente apaleado desgarrándole con garfios la espalda. Durante todo este feroz martirio, Blas seguía rezando por sus verdugos y por todos los cristianos para que perseveraran en la fe. El gobernador, al ver que el santo no dejaba de proclamar su fe en Dios, decretó que le cortaran la cabeza.
Cuando lo llevaban hacia el sitio de su martirio iba bendiciendo por el camino a la inmensa multitud que lo miraba llena de admiración, y su bendición obtenía la curación de muchos. Entre ellos cuenta la tradición que una pobre mujer que tenía a su hijito agonizando porque se le había atravesado una espina de pescado en la garganta, corrió por donde debía pasar el santo, se arrodilló y le presentó al niño que se ahogaba. San Blas colocó sus manos sobre la cabeza al niño y rezó por él. Inmediatamente la espina desapareció y el niño recobró su salud. El pueblo lo aclamó entusiasmado. San Blas fue decapitado en el año 316. Cuentan que después de su muerte empezó a obtener muchos milagros de Dios en favor de los que le rezaban, por lo que se hizo tan popular que en sólo Italia llegó a tener 35 templos dedicados a él. Su país, Armenia, se hizo cristiano pocos años después de su martirio.
En la Edad Antigua era invocado como Patrono de los cazadores, y las gentes le tenían gran fe como eficaz protector contra las enfermedades de la garganta. En algunos lugares persiste la costumbre de bendecir a las personas el día 3 de febrero con dos velas con esta fórmula: «Por la intercesión y los méritos de San Blas, obispo y mártir, Dios te libre de los dolores de garganta y de cualquier otro mal»
Esta festividad tiene su origen en la celebración litúrgica de la fiesta de la Purificación de María y la Presentación del Niño Dios al Templo.
En tiempo de Jesús, la ley de Moisés prescribía (concretamente el Levítico) que toda mujer debía presentarse en el templo para purificarse a los cuarenta días que hubiese dado a luz. Si el hijo nacido era varón, debía ser circuncidado a los ocho días y la madre debería permanecer en su casa durante treinta y tres días más, purificándose a través del recogimiento y la oración. Esta purificación se hacía porque se pensaba que la sangre contaminaba a la madre haciéndola impura. Además se debía ofrecer un cordero en sacrificio. En relación con esto la ley contemplaba que si los progenitores eran de bajos recursos, podían reemplazar el cordero y ofrendar entonces dos tórtolas o dos pichones. Con respecto a los recién nacidos, todo primogénito debía ser consagrado al Señor, en recuerdo de los primogénitos de Egipto que había salvado Dios. Y lo mismo pasaba con los animales primogénitos. Así pues, tal como era costumbre, María la madre de Jesús también se sometió al rito y para ello, José y María llevaron a Jesús al templo de Jerusalén, aunque como eran pobres, llevaron dos palomas blancas. Al entrar al templo, el anciano Simeón, movido por el Espíritu Santo, tomó en brazos a Jesús y lo bendijo diciendo que Él sería la luz que iluminaría a los gentiles. Después, le dijo a María que una espada atravesaría su alma, profetizando los sufrimientos que tendría que afrontar.
De esta manera el día 2 de febrero de cada año, se recuerda esta presentación del Niño Jesús al templo y las palabras de Simeón, llevando candelas a bendecir, las cuales simbolizan a Jesús como luz de todos los hombres. De aquí el nombre de la “Fiesta de las candelas” o el “Día de la Candelaria”. No se sabe con certeza cuando se iniciaron las procesiones en relación a esta fiesta, pero en el siglo X ya se celebraban con solemnidad. Después de la procesión, los cirios se solían llevar a las casas para encenderlos cuando hubiese una necesidad de oración especial. Esta celebración viene de Oriente, y no se introdujo en la liturgia de Occidente hasta el siglo VII, aunque al finalizar este siglo ya estaba extendida en toda Roma y en casi todo Occidente.
Además en un principio (tanto en Oriente como Occidente), se celebraba la Presentación de Jesús mucho más que la Purificación de María. En relación con esto, el Concilio Vaticano II restauró esta fiesta a su origen primariamente Cristológico, celebrándose únicamente como la Presentación de Jesús en el Templo.